A Veces Muerden, A veces Florecen

Hay heridas que muerden, otras que florecen…

Óscar Misle.
Imagen cortesía de Pizabay


Las heridas que muerden están vinculadas al qué dirán, vinculada a las otras personas, son esas heridas que dejamos ver fácilmente y a la que esperamos le echen sal… mucha sal.

Sin darnos cuenta, nuestras acciones victimadas atraen a esos mordedores profesionales. Pero, no son ellos los responsables de los ataques, somos nosotros quienes no queremos callar el eco de las voces. Necesitamos de su lástima, compasión, su tortura, veneno… eso alimenta el masoquismo.

Por otro lado encontramos las heridas que florecen. Las que son consideradas como oportunidad, esa que me arrastró pero a su vez me hizo levantar con fuerzas para seguir adelante.

Como comprenderán, de los dos tipos de heridas una, te brinda la oportunidad para que la riegues, la cultives de nuevo y la hagas renacer,

¿Cómo? COMPRENDIENDO. ¿Qué deberíamos comprender? Lo que me tocó vivir.

Entender que un hecho fortuito se atravesó en mi camino para causar una herida, comprender que esas cosas suelen pasar, comprender que no debe atormente, ni molestarme, mucho menos amargarme o distraerme y al que obviamente debo buscar ayuda, será la mejor actitud para asumir el problema de mi vida.

Comprender que las heridas no necesitan presencia en nuestras vidas, es de vital importancia. Somos seres humanos espirituales y por ende, necesitamos de esas experiencias para liberar emociones.

Comprender y aceptar las heridas es sanar el alma para llenarnos de amor.

¡Gracias por leer, comentar y votar!

@belkisa758

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