¡Sé que Vivo!

El día siempre comienza acercándonos a los ruidos. Nos levanta de la cama una alarma, el ladrido de un perro, el maullar de un gato, el canto de un pájaro, el ruido de un carro o simplemente la voz de un ser querido.


Buenos días dice el primer rayito de luz que dilata mis pupilas. Es el color amarillo quien se asoma y se ancla en mi soñolienta vista.

Buenos días señor Sol, agradezco la luz, agradezco el nuevo amanecer y lo radiante del tiempo.


Sigo mi jornada y es el momento de ir a la ducha, ella aguijonea una vez más mi audición. Escucho el torrente de agua recorrer por las tuberías para soltar cientos de gotas agrupadas en líneas libradas por pequeños agujeros. Al golpear el agua mi rostro me anuncia que debo terminar de despertar.

Me insta a salir de la ducha el pito de la cafetera, anuncia que pronto un rico y aromático café podré degustar al salir del baño.

Prosigo mi día escuchando las puertas del closet y el rozar de las gavetas. Busco ropa, ¡ah! Olvidé decir… también logré escuchar el ruido de los ganchos. El cesar de las maderas casi anuncia mi salida.

Me acerco a la puerta y el manojo de llaves emiten un agudo sonido, anuncian que debo atender al nuevo día.


Más y más ruido se junta en mi día de sendero. Motos, carros, gritos, llantos, ladrido, aullidos, maullidos, sumado a la acelerada vida citadina complejizan los ecos.


Ya alejada de la confusión escucho mis pasos, fijar los talones y llevar el ritmo de manera armónica permite escucharlos a la perfección. Sin embargo, no pasará mucho tiempo en asomarse otros ruidos, siento latir mi corazón, primero en el estómago, luego sube al pecho, llega a la garganta y por último a mis oídos.

Escucho ahora mi respiro, el grato olor húmedo de la montaña, junto a las postas de caballos, el olor de la hiervas, de la tierra y de las flores estimulan no sólo mi audición sino también mi olfato y más de mi visión.

Más amarillo viste mi senderismo de montaña. Flores hermosas de árnica fomentan muchos ruidos. Me detengo a contemplar el ruido visual, el ruido olfativo y el auditivo.

Pronto el ruido deja de ser tormentoso y se convierte en melodía de susurro.

Cientos de abejas crean música mientras extraen el polen de sus flores predilectas. El enjambre no cesa, no se cansa, no se vence. Brinca la abeja de un lado a otro, cambian de parejas y también de lugar. Muestran animadas gran felicidad, saben que muy pronto su trabajo laborioso frutos darán.


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